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30 de septiembre de 2018

Cicatrices

Los errores que cometemos
son las cicatrices que surcan
los rincones de nuestro cuerpo.

Hay cicatrices pequeñas,
medianas o tan grandes
que nos cruzan la espalda.

Cicatrices hechas por amor,
 por odio o por orgullo de uno mismo.

Cicatrices que creemos olvidadas,
pero que ahí siguen,
incrustadas en nuestra piel.

Hay marcas que se pueden
ocultar al mundo y
otras con las que tenemos
que lidiar día a día.

Sin embargo...
La peor cicatriz posible.
La peor de todas ellas.
Aquella que más ocultamos.
Es la que es invisible.
Es aquella que no deja fisuras en la piel.
Sino, en nuestro alma.



18 de noviembre de 2017

Ojos que no ven, corazón que siente



- Entonces... ¿siempre has sido así?

+ ¿Así cómo?

- Ya sabes... ciego.

+ Sí, aunque prefiero más la palabra invidente. Ciego me suena un poco mal.

- Oh, perdona. No quería ofenderte.

+ No te preocupes. Ya estoy acostrumbrado.

- Pues es una pena no poder ver. No sabes lo que te pierdes.

+ Jajajajaja

- ¿Por qué te ríes?

+ Porque yo pienso lo mismo sobre vosotros.

- ¿Eh?, no te entiendo.

+ Verás... Los que podéis ver os fiáis demasiado de vuestros ojos, pero a menudo os engañan.

- ¿Y cómo sabes eso si nunca has visto?

+ Por ejemplo, detrás de nosotros hay una chica sentada, ¿te habías dado cuenta?

- A ver... Sí, es una chica de otra clase. ¿Cómo lo has sabido?

+ Antes sentí que había alguien detrás nuestra.

- Y ¿cómo sabes que es una chica?

+ Por su perfume.

- Vaya, ni siquiera me había dado cuenta.

+ Prueba tú. Cierra los ojos y abre tus demás sentidos.

-Vale. Mmm... Oigo mucha gente hablando a la misma vez y me huele al bocata de chorizo que he desayunado.

+ Sigue escuchando, a ver si oyes más cosas.

- Vale. Mmm... Oigo un pájaro.

+ ¿Puedes decirme dónde está?

- Pues se escucha cantar por la derecha, creo. Seguro que en uno de los árboles de por ahí.

+ ¿Me comprendes ahora?

- Sí, pero estar así todo el tiempo tiene que ser agotador.

+ Puede que un poco, pero pienso que es mejor así.

- ¿Y eso?

+ Los demás sólo veis lo que os rodea, en cambio, la gente como yo, las siente.

- Pero... Vaya el timbre. Se acabó el recreo.

+ Venga, otra vez a clase.










21 de septiembre de 2017

Reencontrados

Luis: Disculpa señorita, me permite pasar.

Raquel: Sí, claro. Pas... ¿Luis?

Luis: No puede ser. Raquel, ¡Qué coincidencia! No sabía que teníamos el mismo banco.

Raquel: Pues sí que es casualidad.

Luis: Han pasado muchos años sin vernos.

Raquel: Sí, ¿cuántos? ¿once?

Luis: Sí, más o menos desde el instituto. ¿Qué ha sido de ti durante estos años?

Raquel: Pues bien, acabé la carrera de derecho Cum laude.

Luis: ¿En serio? Me alegro por ti. Conseguiste lo que buscabas.

Raquel: Eso y más. Estoy en un prestigioso buffete de abogados y me estoy preparando las oposiciones para juez. Es duro, pero sé que lo conseguiré.

Luis: Vaya, es increíble que lo lleves todo a la vez.

Raquel: Bah, se hace llevadero. ¿Y qué es de ti? Te metiste en la carrera de biología, ¿no?

Luis: No, no pude al final.

Raquel: ¿Y eso? ¿No te alcanzó la nota?

Luis: No, no es eso. Verás... ¿Tú te acuerdas de Lorena Cañas?

Raquel: Ah, sí. Escuché que se tuvo que ir del instituto porque se quedó embarazada.

Luis: Pues, eso es lo que te...

Raquel: Es que menuda era. Demasiado ligera de cascos la veía.

Luis: Pues resulta que fui yo quien la dejó embarazada.

16 de agosto de 2014

No habrá empleo para los honrados

En alguna parte de Andalucía, en la sala de una pequeña y lúgubre oficina de empleo.
Algunos calendarios de propaganda de diversos años decoran las paredes de color
amarillo, en la cual no se divisa ninguna ventana, toda la luz proviene de las lámparas
del techo; también se encuentra una mesa con un ordenador encendido, unos cuantos
folios desparramados por ella y un pequeño bote lleno de bolígrafos de varios colores,
además de algún que otro subrayador y una grapadora. A ambos lados de la mesa se
encuentran sendas sillas de despacho algo envejecidas. Sin embargo, destaca sobre
aquella mesa un vistoso cartel de considerable tamaño, delante del ordenador, con una
impresión en la cual pone: “VUELVO EN 5 MINUTOS”.

Haciendo cola se encuentran, por el siguiente orden, un tipejo desaliñado que viste un
chándal roñoso y amplio, otro hombre más mayor de unos cincuenta años y, por último,
una mujer bien vestida y medio-maquillada que arrastra consigo un carrito de bebé.

MUJER- (observa su reloj de pulsera y resopla)-Qué tarde se me hace. Debería de
haberme tocado ya el turno.

HOMBRE- (gira medio cuerpo para conversar con la mujer)- Y que lo diga, yo llevo
esperando uno’ veinte minuto’ y ni siquiera han “atendío” al hombre de delante.
(Señalando al tipejo con el dedo pulgar).

TIPEJO- (girándose)- Ya ve’, “yo-stoy“ aquí de’de la nueve’ y media y son la’... (Se
mira la muñeca). Andá, no llevo ́l reló’. ¿Qué hora e’?

MUJER- Las diez y cuarto.

TIPEJO- Pue’ eso, llevo má’ de media hora y aquí n’aparece nadie. Y era pa’ una
entrevi’tilla de trabajo.

MUJER- (Adelantándose y hablando con el público). Para una entrevistilla de trabajo
dice, y yo sólo vengo para recoger un papel que certifique que estoy desempleada, para
poder solicitar una ayuda de madre soltera.

Se escucha un estruendo detrás del mostrador y el niño del carrito empieza a llorar, la
madre mece el cochecito hasta que se calma.

FUNCIONARIO- (fuera de escena)- ¡Vaya, hombre! Ya se ha caído otro azulejo del
baño.