Para mi primer reto de Literup he elegido el número 1 (escribir un relato cuy argumento sea tu chiste preferido), ya que me ha parecido divertido y que yo recuerde nunca he escrito ningún relato humorístico. En este caso, no he elegido mi chiste favorito, sino uno de los de mi infacia (el cual resalto en negrita). Espero que os divierta leerla, tanto como a mí escribirla:
-Era yo una mosca pequeña cuando, una vez, mi padre y yo volábamos sobre la cabeza del señor Guzmán y me dijo mientras la señalaba "¿Ves esa calva, hijo?" y después de que yo asintiera con la cabeza, continuó "Pues cuando yo tenía tu edad, tooodo esto era bosque", yo le pregunté qué era lo que ocurrió y él me contó que cuando él era joven el señor Guzmán cogió piojos, por lo que tuvo que raparse la cabeza al cero, es lo que hoy se conoce como... ¡Oye, Marina! ¿Me estás escuchando?
-Sí, sí, abuelo. Algo de que había unos piojos calvos- respondió su nieta, ¿no?
-No, eso no es. No me estabas escuchando. Estás con el móvil, como siempre.- el abuelo mosca agitaba su bastón a modo de sermón.
-Abuelo, es que tus historias son muy aburridas y la mosca que me gusta acaba de comentarme en Moscagram. ¡Ha dicho que salgo muy guapa! ¡No me lo puedo creer! Verás cuando se lo cuente a Susana, va a flipar.
-¿Y eso es más importante que escuchar a tu abuelo?
24 de enero de 2018
14 de enero de 2018
Mi frasco de la felicidad
6 de enero de 2018
El único regalo de la lista
Eran días después de Nochebuena, al pasar por la habitación de mi hermano pequeño, lo vi con la cabeza agachada sobre el escritorio, estaba escribiendo. - ¿Mi hermano haciendo deberes en vacaciones? ¡Qué raro! - pensé. Así que me acerqué por la espalda para observar qué estaba haciendo.
- Pedrito, ¿qué estás haciendo? - mi hermano dio un sobresalto en su asiento y cubrió algo rápidamente con recelo.
- ¿Y a ti qué te importa? - me respondió mi hermano.
- No seas tan borde, solo te estaba preguntando - conforme yo intentaba echar un vistazo, Pedrito se echaba cada vez más sobre la mesa, pero dejó el hueco suficiente para dejar que asomase un trozo de papel.
- Estoy escribiendo la lista de los Reyes Magos. Hala, ya lo sabes.-
- A ver - cogí la esquina de papel que sobraba y de un tirón fuerte se lo arrebaté.
- ¡Oye! ¡Dámelo! ¡Es mío! - mi hermano, nervioso, se puso de pie e intentó quitármelo. Nada más tuve que poner el papel sobre mi cabeza y, voilà, ya no llegaba. Fue divertido ver como daba saltitos. - ¡Mamá! ¡Sonia no me deja en paz!
- Ahora te lo devuelvo, solamento quiero ver lo que has escrito.- la carta empezaba con el típico "Queridos reyes magos, este año he sido muy bueno..." , así que voy a lo importante: "Solo quiero un regalo, que vuelva Ruffy, lo echo mucho de menos". Ruffy era nuestro perro, ya era muy mayor y llegó al otoño. Todos lo queríamos mucho, era muy tranquilo y cariñoso, a mí me estaba costando superarlo, pero mucho más a mi hermano. No me esperaba algo así, me quedé sin palabras.
Bajé la carta y Pedrito me la quitó de las manos, en seguida se fue corriendo de su habitación. Me sentía mal, no solo por haber recordado a nuestro perro y los momentos tan buenos que pasamos con él, sino también por haberme metido con mi hermano.
Pasaron los días hasta que llegó la fecha señalada en el calendario. Mi hermano fue el primero en despertase, escuché como corría por pasillo hacia el salón. Me levanté de un salto de la cama y lo seguí. Vi cómo rebuscaba ansioso entre los regalos, los revolvió todos, miró debajo del árbol, detrás de sofá, por toda la habitación.
- ¿Y a ti qué te importa? - me respondió mi hermano.
- No seas tan borde, solo te estaba preguntando - conforme yo intentaba echar un vistazo, Pedrito se echaba cada vez más sobre la mesa, pero dejó el hueco suficiente para dejar que asomase un trozo de papel.
- Estoy escribiendo la lista de los Reyes Magos. Hala, ya lo sabes.-
- A ver - cogí la esquina de papel que sobraba y de un tirón fuerte se lo arrebaté.
- ¡Oye! ¡Dámelo! ¡Es mío! - mi hermano, nervioso, se puso de pie e intentó quitármelo. Nada más tuve que poner el papel sobre mi cabeza y, voilà, ya no llegaba. Fue divertido ver como daba saltitos. - ¡Mamá! ¡Sonia no me deja en paz!
- Ahora te lo devuelvo, solamento quiero ver lo que has escrito.- la carta empezaba con el típico "Queridos reyes magos, este año he sido muy bueno..." , así que voy a lo importante: "Solo quiero un regalo, que vuelva Ruffy, lo echo mucho de menos". Ruffy era nuestro perro, ya era muy mayor y llegó al otoño. Todos lo queríamos mucho, era muy tranquilo y cariñoso, a mí me estaba costando superarlo, pero mucho más a mi hermano. No me esperaba algo así, me quedé sin palabras.
Bajé la carta y Pedrito me la quitó de las manos, en seguida se fue corriendo de su habitación. Me sentía mal, no solo por haber recordado a nuestro perro y los momentos tan buenos que pasamos con él, sino también por haberme metido con mi hermano.
Pasaron los días hasta que llegó la fecha señalada en el calendario. Mi hermano fue el primero en despertase, escuché como corría por pasillo hacia el salón. Me levanté de un salto de la cama y lo seguí. Vi cómo rebuscaba ansioso entre los regalos, los revolvió todos, miró debajo del árbol, detrás de sofá, por toda la habitación.
29 de diciembre de 2017
Los tonos del silencio
Me susurra un silencio
de color blanco,
en él oigo claro
lo bueno de la vida.
Un silencio agradable,
sin disputas ni tristeza,
algo reconfortante.
Me grita un silencio
de color oscuro,
en él escucho
todo lo malo de cada día.
Un silencio inquietante,
sin alegrías ni viveza,
algo preocupante.
Ambos unen sus sonidos,
ya no los distingo como antes,
ahora solo perciben mis oídos
un tono de silencio
para cada momento.
de color blanco,
en él oigo claro
lo bueno de la vida.Un silencio agradable,
sin disputas ni tristeza,
algo reconfortante.
Me grita un silencio
de color oscuro,
en él escucho
todo lo malo de cada día.
Un silencio inquietante,
sin alegrías ni viveza,
algo preocupante.
Ambos unen sus sonidos,
ya no los distingo como antes,
ahora solo perciben mis oídos
un tono de silencio
para cada momento.
17 de diciembre de 2017
Criaturas y leyendas - El triángulo de los suicidas
El sol brillaba con fuerza mientras Luis se entretenía vareando olivos. El joven alcalaíno golpeó las ramas de uno de los árboles con desgana y recogió las uvas que se habían caído al suelo. Se acarició la frente perlada de sudor mezclada con suciedad, se sentó bajo la sombra del árbol para descansar un poco antes de continuar. Parecía muy a gusto, tanto que, poco a poco, fue cerrando los ojos y se quedó profundamente dormido.
El ambiente había enrarecido, nubes oscuras se abalanzaron sobre todo el campo, apagando aquella claridad primaveral. El muchacho se despertó al notar un repentino aire frío que empezaba a helarle la punta de la nariz y de las orejas. Se frotó enérgicamente los brazos en busca de calidez, sin embargo solo le sirvió para descubrir que las yemas de los dedos ya no eran capaces de percibir el tacto. No comprendía como de un día tan caluroso había pasado a un día típico de enero. Echó un vistazo a su alrededor, todo cuanto veía había cambiado a una tonalidad morada.
Se levantó y dispuesto a coger el cesto en el cual había guardado las uvas que había recogido, se quedó petrificado al oír un ruido extraño. Lo cierto es que Luis lo único en lo que estaba pensando era guardar lo recogido y entrar cálida casa, no obstante, otra idea le invadió, alguien podría haberse colado en sus terrenos para robar, aprovechando la ausencia de su padre y sabiendo que él haría más bien poco.
A simple vista parecía el campo tranquilo, prestó un momento de atención por si oía algún otro ruido. No oyó nada más, sin embargo no se quedó tranquilo. Llevó el recipiente de uvas junto con las demás y decidió darse una vuelta por el terreno, a fin de buscar algún indicio de que alguien o algún animal hubiesen entrado.
El ambiente había enrarecido, nubes oscuras se abalanzaron sobre todo el campo, apagando aquella claridad primaveral. El muchacho se despertó al notar un repentino aire frío que empezaba a helarle la punta de la nariz y de las orejas. Se frotó enérgicamente los brazos en busca de calidez, sin embargo solo le sirvió para descubrir que las yemas de los dedos ya no eran capaces de percibir el tacto. No comprendía como de un día tan caluroso había pasado a un día típico de enero. Echó un vistazo a su alrededor, todo cuanto veía había cambiado a una tonalidad morada.
Se levantó y dispuesto a coger el cesto en el cual había guardado las uvas que había recogido, se quedó petrificado al oír un ruido extraño. Lo cierto es que Luis lo único en lo que estaba pensando era guardar lo recogido y entrar cálida casa, no obstante, otra idea le invadió, alguien podría haberse colado en sus terrenos para robar, aprovechando la ausencia de su padre y sabiendo que él haría más bien poco.
A simple vista parecía el campo tranquilo, prestó un momento de atención por si oía algún otro ruido. No oyó nada más, sin embargo no se quedó tranquilo. Llevó el recipiente de uvas junto con las demás y decidió darse una vuelta por el terreno, a fin de buscar algún indicio de que alguien o algún animal hubiesen entrado.
2 de diciembre de 2017
¿Quién es ella?
¿Cuál es el nombre de ella?Sería largo su mención,
pues muchos tiene para enumerar.
¿Cómo la conocista a ella?
Un mal día apareció
como una tempestad.
¿Qué fue lo primero que sentiste por ella?
Primero sentí desazón,
seguido de un tormento fatal.
¿Por qué te aferraste tanto a ella?
Fue única que se preocupó
por mí, cuando tuve necesidad.
¿Cómo decidiste dejarla a ella?
Un día a mi vida alguien llegó
y me dijo que conmigo quería estar.
¿Qué pasó entonces con ella?
No hizo falta más, sólo desapareció.
Es lo que tiene haber estado con la Soledad.
18 de noviembre de 2017
Ojos que no ven, corazón que siente
- Entonces... ¿siempre has sido así?
+ ¿Así cómo?
- Ya sabes... ciego.
+ Sí, aunque prefiero más la palabra invidente. Ciego me suena un poco mal.
- Oh, perdona. No quería ofenderte.
+ No te preocupes. Ya estoy acostrumbrado.
- Pues es una pena no poder ver. No sabes lo que te pierdes.
+ Jajajajaja
- ¿Por qué te ríes?
+ Porque yo pienso lo mismo sobre vosotros.
- ¿Eh?, no te entiendo.
+ Verás... Los que podéis ver os fiáis demasiado de vuestros ojos, pero a menudo os engañan.
- ¿Y cómo sabes eso si nunca has visto?
+ Por ejemplo, detrás de nosotros hay una chica sentada, ¿te habías dado cuenta?
- A ver... Sí, es una chica de otra clase. ¿Cómo lo has sabido?
+ Antes sentí que había alguien detrás nuestra.
- Y ¿cómo sabes que es una chica?
+ Por su perfume.
- Vaya, ni siquiera me había dado cuenta.
+ Prueba tú. Cierra los ojos y abre tus demás sentidos.
-Vale. Mmm... Oigo mucha gente hablando a la misma vez y me huele al bocata de chorizo que he desayunado.
+ Sigue escuchando, a ver si oyes más cosas.
- Vale. Mmm... Oigo un pájaro.
+ ¿Puedes decirme dónde está?
- Pues se escucha cantar por la derecha, creo. Seguro que en uno de los árboles de por ahí.
+ ¿Me comprendes ahora?
- Sí, pero estar así todo el tiempo tiene que ser agotador.
+ Puede que un poco, pero pienso que es mejor así.
- ¿Y eso?
+ Los demás sólo veis lo que os rodea, en cambio, la gente como yo, las siente.
- Pero... Vaya el timbre. Se acabó el recreo.
+ Venga, otra vez a clase.
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